1. Si ya no te quieren, aprende a perder y retírate dignamente.
Es primordial, decirse uno mismo: ¿quiero estar con una persona que no me quiere? Hay que saber perder, reconocerse perdedor, aunque duela, pero es menos doloroso perder una relación, que perder una vida en una relación, insistiendo en algo que ya no existe. Es mejor utilizar toda esa energía en recuperarse uno mismo, alejándose de la fuente del dolor.
“Cuando realmente ya no te aman, con independencia de las razones y causas posibles, hay que deponer el espíritu guerrero y no librar una batalla inútil y desgarradora; es mejor sufrir la pérdida de una vez que someterse a una incertidumbre sostenida y cruel”, aconseja el psicólogo.
Si tú eres la persona a la que dejarán por otra, aunque duela, jamás deberás recurrir a la manipulación social y emocional. Es una prueba de madurez aceptar que cuando ya no te aman, ya no te aman, lo mejor será dejar libre a esa persona puesto que su corazón ya no está junto a ti.
2. Casarse con el amante es como echarle sal al postre.
¿Amante o no amante?, ¿Hay algún riesgo que te quedes sin pareja y sin amante? ¿Conoces a tu amante lo suficiente para saber si son compatibles para una vida de pareja?,¿Es realmente amor, o es sólo pasión, sexo, placer? ¿Eres capaz de confiar en la fidelidad del que fue amante y ahora comparte tu vida?
Solamente un pequeño porcentaje de amantes que acaban casándose o se van a vivir juntos, mantienen una relación que funcione", mantiene el experto. “Despertar del éxtasis, reestructurar la locura simpática que mantenía viva la relación tiene sus consecuencia y contraindicaciones; es muy difícil reglamentar el amor pasional y que el hechizo no se rompa”, asegura.
3. Evita el sacrificio irracional: no te anules para que tu pareja sea feliz.
“...porque autocastigarte para levantarle la moral a otro es matar el amor en nombre del amor; ésa es la paradoja”, apunta Riso. Se refiere a la costumbre que tienen muchas personas de tratar de ser menos por todos los medios, para que la pareja se sienta más. Esta es una compensación negativa.
Muchas veces la poca capacidad de la pareja nos duele, e intentamos eliminar este sufrimiento a cualquier precio, hundiéndonos para que la pareja salga a flote. Es autocastigarse y anularse por amor. Algo completamente paradójico porque cuando te saboteas a ti mismo por alguien más, el amor desaparece. Esta conducta se llama autoaniquilación psicológica por afecto.
4. ¿Ni contigo ni sin ti? ¡Corre lo más lejos posible!
Muchas veces, sin darnos cuenta, hacemos daño a nuestra relación de pareja entre un sí quiero pero no. Para aquellos enamorados a quienes su pareja martiriza con el tan manido “ni contigo ni sin ti”, Riso aconseja que corran con todas las fuerzas lo más lejos posible y no salten al compás del otro, sino que sean rotundos y contundentes en el “se acabó”.
La indecisión es una manera distorsionada de amar. Si deseas una relación de pareja, iniciala con una persona COHERENTE entre sus actos y sentimientos.
Cómo manejar la ambigüedad afectiva y no caer en el juego de una espera inútil:
1. No aceptes pasiva ni condescendientemente el rechazo.
2. No saltes al compás del otro
3. No te enfrasques en explicaciones y discusiones inútiles.
4. No confundas los roles. Eres pareja, NO terapeuta.
5. No permitas que te seduzcan con palabras.
“Si decides seriamente salirte del juego, notarás que, poco a poco, tus emociones empezarán a depender de ti: este proceso se conoce como ‘autorregulación’ y permitirá que la actitud dubitativa del otro te afecte menos, que te mueva, pero no te tumbe”, enfatiza este psicólogo clínico.
“Si decides seriamente salirte del juego, notarás que, poco a poco, tus emociones empezarán a depender de ti: este proceso se conoce como ‘autorregulación’ y permitirá que la actitud dubitativa del otro te afecte menos, que te mueva, pero no te tumbe”, enfatiza este psicólogo clínico.
5. El poder afectivo lo tiene quien necesita menos al otro.
Otro principio de supervivencia radica en alertar sobre que el poder afectivo lo tiene quien necesita menos del otro, y no faltan quienes intentan sacarle provecho con el mensaje implícito de que se irán si no le dan lo que desea. Aquí el problema radica que se otorga a la otra persona el poder sobre ti, la dependencia propia es la encargada de ello, apegándose a la relación, a la pareja.
La solución radica en recuperar la autonomía, el propio poder, asumir la libertad. El apego idiotiza.
“Ensaya la soledad”, es el consejo del experto, en el bien entendido de que la soledad afectiva no tiene porqué ser una tortura y que no se define por sustracción (estar “sin ella o sin él”) sino por la multiplicación del ‘yo’, que se recrea en el autodescubrimiento. “Invítate a ti mismo a salir y conversa de ‘tu a tú’ o de “’yo a yo’ y tendrás que reconocer, aunque sea a regañadientes, que la persona a la que quieres, a veces, sobra y molesta, a pesar de que la ames”.
“Ensaya la soledad”, es el consejo del experto, en el bien entendido de que la soledad afectiva no tiene porqué ser una tortura y que no se define por sustracción (estar “sin ella o sin él”) sino por la multiplicación del ‘yo’, que se recrea en el autodescubrimiento. “Invítate a ti mismo a salir y conversa de ‘tu a tú’ o de “’yo a yo’ y tendrás que reconocer, aunque sea a regañadientes, que la persona a la que quieres, a veces, sobra y molesta, a pesar de que la ames”.

